lunes, 16 de noviembre de 2015

Reseña de LOS WACHOS en MINCATURA


MINCATURA | 05/11/2015
por Aldana Perazzo

link ACA

Las mil y un maneras de ser wacho hoy

Guacho: 1. Animal, que siendo de teta, ha perdido a la madre y se cría en las casas. 2. Huérfano. 3. Hijo ilegítimo. Del quechua Wácha: indigente y fam. huérfano” (Novisimo Diccionario. Corregidor, 2014). Wacho: el pibe sin laburo que tiene que salir a buscar casa porque lo echaron de la suya. Wacho: El pibe que se enamora de una actriz porno y le escribe una carta. Wacho: el hijo que tras la muerte de la madre se reencuentra con un pasado de hermanastros golpeadores. Wacho: el hombre que caga a su mujer y es abandonado. Wacho: la vieja en el geriátrico que espera que alguien la peine. Wacho: el remisero que se calienta con la pasajera de 16. Wacho: la mujer que escucha voces porque no puede lidiar con la realidad. Wacho: el pirómano que sorbía nafta cuando era chico y terminaba en el hospital. Wacho: el hijo que no nace.
“Tiene tantos estilos que no sé con cuál quedarme” dice el chico enamorado de Jada Fire. Con Rulos, raya al medio, al costado, la actriz lo enamora aun cuando no se conocen. La madre del chico se horroriza al descubrir los videos en la computadora del hijo. El chico dice: “Ella no entiende nada porque nunca estuvo enamorada, ni siquiera de mi viejo, que lo enganchó curtiendo con su propio hermano y se mató”. Y después de esta declaración sigue con su vida, con la esperanza de algún día conocer a la mujer que solo ve en viejos videos xxx. Porque ninguno de los personajes de los diez cuentos que integran Los wachos llora por lo que les pasó. Todos tienen incorporado a sus vidas ausencias que buscan suplir mientras cumplen con sus obligaciones. La falta del padre como factor común. Orfandad. Las “sesiones maratónicas de masturbación” como vía temporal de escape, el sexo como aditivo al vacío que sienten, lo tragicómico al servicio de la historia.
Contrario a muchos autores, Lezcano piensa su obra en función de un título, al que le gusta definir como la “colonización de un continente” y se ata al mismo para brindarle al lector diez cuentos totalmente distintos entre sí, pero que juntos, uno atrás de otro, construyen un mismo sentido.
Dice la contratapa del libro que el escritor es heredero del realismo sucio norteamericano. Y es que hay en sus relatos algo de minimalismo carveriano, de contar la historia a través de lo que no se cuenta para pegarte una trompada final con un tema de Los del Fuego de fondo. Hay en Camerún —quinto cuento del libro— mucho de Junot Díaz en su Guía de amor para Infieles. Comparte con el relato del dominicano el narrador en segunda persona, el narrador infiel abandonado que se da cuenta tarde de lo que perdió y pierde, entonces, su ego.
No es casualidad que el periodista, docente y escritor, cierre el libro con “El futuro del dinero”, acaso, el cuento que condensa todas las posibles lecturas que se hayan desprendido de los anteriores. Una historia sobre juventud. Sobre la soledad. Sobre la disrupción padre-hijo. Sobre las decisiones irreversibles que tomamos de manera precipitada y las consecuencias que debemos afrontar.

Microrrelatos, cuentos divididos por capítulos, frases cortas, contundentes, coloquiales, dignas de pibes de barrio, de pibes que se refugian en las esquinas, Lezcano nos muestra las mil formas de ser wacho en estos tiempos. Una wachitud que tarde o temprano nos llega a todos, por muchas veces que hayamos ganado en el Juego de la Vida cuando éramos chicos y creíamos que teníamos todo bajo control.