lunes, 30 de noviembre de 2015

Reseña de LA ESTRELLA PRIMERA en Solo Tempestad

SOLO TEMPESTAD | 30/11/2015
por Victoria Rigiroli

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Hay veces, algunas, pocas, en las que la división caprichosa, la categorización que le imponemos al mundo para hacerlo inteligible nos revela toda su brutal arbitrariedad, la más feroz de las caras de la taxonomía. Sólo pasa algunas, pocas, muy contadas veces, en las que una ventana de comprensión se abre (las puertas son más grandes, son de Mr. Huxley, de Morrison, son químicas), y entonces sí, entonces fruncimos el ceño, entrecerramos los ojos y nos preguntamos, genuinamente consternados, olvidados de la caja que es categoría: “por qué cantar y leer son cosas distintas”. (El ejemplo empezó siendo caprichoso para esta reseñista también, pero ténganle paciencia, y verán que no lo es).

Algo de ese orden ocurre cuando uno lee (escucha, o siente, todavía no sé) los poemas que integran La estrella primera, el libro de Palo Pandolfo, una pulsión que busca borronear una frontera, unir lo que parece separado. Disolver algo.

Empezaré por el principio, aunque parezca tarde para andar empezando, empezaré diciendo entonces que este es el primer libro solista de Palo Pandolfo, un músico y poeta que ha sabido (y sabe) militar el under vernáculo desde esa otra orilla del tiempo que parece ser, que es, la década del 80. Primero con Don Cornelio, que fue de lo mejor del dark argentino (un dark medio mugriento, sin tanto brillo y con menos gel pero idéntico delineador corrido), después con Los Visitantes, magnífico botón que basta para prueba de que en los noventa, por acá, el rock se conoció con el tango y con otros ritmos de Latinoamérica. Desde fin de siglo, entonces, Palo cultiva una versión trovador post punk, de guitarra criolla y distorsión (sí, las dos cosas; sí, juntas). Esta reseñista se atreve a asegurar que en todo ese tiempo Palo cambió la formación de sus bandas, cambió de instrumentación y hasta de peinado pero no cambió el gesto rabioso de su permanente búsqueda estética, de su relación honda y compleja con la palabra poética. El Palo que aparece en este libro tendrá, entonces, la misma voluntad de ruptura y desconcierto que tenía cuando escribió “Cabeza de platino”o cuando pensó en “Tazas de té chino”, claro. Y también tendrá la misma alucinada claridad, la misma fuerza epifánica que aparece en “En la luz” y el extraordinario “A través de los sueños”. El Palo Pandolfo de hoy, parece, estaba cifrado en algún lugar de su historia, de la misma manera en la que todas nuestras versiones presentes, intuye esta reseñista, estaban seminalmente, ocultas o evidentes, en algún lugar de nuestras biografías.

La estrella primera, en primer lugar, propone un mundo natural, un mundo de fuego, de aire, pero sobre todo y muy especialmente, un mundo de agua. El universo material de un “nadador melancólico” (y esa definición, que sirve deautorreferencia en un poema es también clave interpretativa del libro) que une dos tradiciones poéticas, por un lado el objetivismo tipo Ponge, y tipo Baldomero, también: el sistema que arman las cosas de este mundo:


“Crayones
Matchbox
El arco y la flecha
con las dos agujas
y su estuche elástico.
Clips, gomitas
Tornillos y tarugos
Pedazos de pañolenci
Bolitas (…)”.

Por otro lado, una versión más idealista, mucho más conceptual que palpable. El mundo en sustantivos abstractos:

“Mi muerte me sigue
de otoño
en otoño.
Tal vez me muera
o tal vez
sobreviva
en la arena
del camino.
El arroz salva,
la música salva.
Que la buena suerte
Nos acompañe”.

Objetivismo e idealismo, en Palo, son lo mismo, porque no hay antinomia que resista al hilván de la metáfora. La metáfora, que es el sentido último de todas las cosas: música, poesía, vida.

(…) “Interpreto la gracia.
Es un universo de ondas
eléctrico
energía y belleza.
Alquimia”.

Hay algunas veces, unas pocas, en que las categorizaciones del mundo se desvanecen. Y escuchar una canción es lo mismo que cantarla, y un poema es idéntico a un vaso de agua. El amor es también ese abandono de la taxonomía: el momento en el que convergen el deseo, quien desea y lo deseado. Idéntico ejercicio es el que propone este libro, coser el borde de lo material y el de la epifanía. Unir lo separado.
Porque lo único todopoderoso que conocemos es la metáfora.

La estrella primera (2014)
Autor: Palo Pandolfo
Editorial: Conejos
Género: Poesía