lunes, 16 de noviembre de 2015

Comentario y entrevista a Mariana Komiseroff en EL 8VO LOCO

el 8vo loco | 04/11/2015
por Ana Ojeda

NOTA COMPLETA ACA

“Para mí la literatura de mujeres o literatura femenina no existe”
Sobre De este lado del charco, novela de Mariana Komiseroff.

De este lado del charco, primera novela de Mariana Komiseroff publicada por Editorial Conejoseste año, puede ser leída como un nuevo eslabón en la –a esta altura– larga tradición de escrituras de la pobreza en el Río de la Plata. Elías Castelnuovo (“el Amundsen de Boedo”, segúnNicolás Olivari, cuya literatura remontaba un vuelo ecléctico, ni lo suficientemente pietista ni bastante pedagógico como para agradarle al patrón), Leónidas Barletta, Álvaro Yunque: nombres que habitaron este espacio en sus comienzos, antes de que esa línea narrativa cruzara la actual General Paz.
No me interesa aquí, sin embargo, seguir esta línea de lectura.

De este lado del charco, primera novela de Mariana, trabaja un realismo que sumerge al lector en un pacto de verosimilitud potente: efectivo. Tal vez esto explique que, a pesar de que la voz narrativa es la de un hombre (camionero), cierro el libro con la idea de que la autora ha incluido una porción de su propia historia, de su historia familiar.
No me interesa aquí, sin embargo, seguir esta línea de lectura.

De este lado del charco, primera novela, elige para inaugurar la narrativa de su autora un tono alejado del escándalo, que rutiniza lo que ve: narrar sin alharacas. Igualitario para las actitudes y cometidos de hombres y mujeres, la perspectiva del narrador internaliza sin batahola un aborto, un padre que abusa de su hija, un marido golpeador, una tía que no puede dejar de competir con su parentela. El deseo de no bajar línea que organiza la trama redunda en una sensación de que los personajes hacen lo que pueden, como haría una en situaciones difíciles. Hay ternura y comprensión en la manera en que la autora los retrata, más preocupada por la duración de las cosas que por la espectacularidad del punctum, del flechazo. Es la sucesión de días colmados de rutinas lo que Komiseroff logra narrar con éxito, permitiéndole al lector reconocerse y diferenciarse sin oprimirlo con un deber ser manifiesto. Amorosa paciencia que decanta en una narración que no pierde en ningún momento su ritmo y depara una lectura gozosa de principio a fin.

Ana Ojeda (AO): ¿Me contás de vos? Mini bio. ¿De dónde viene tu apellido? ¿Cómo solucionás la problemática trabajo vs. escritura, cómo organizás tu cotidiano para poder escribir?
Mariana Komiseroff (MK): Mi apellido es ruso, mi abuelo por parte de mi padre biológico era ruso. Ahora tengo un padre del corazón sanjuanino. O sea que soy cruza de ruso, uruguaya y sanjuanino. Tengo un hijo de 15 años, Elías Patricio. Vivo en Don Torcuato, escribo crítica teatral para diferentes sitios culturales. Publiqué relatos en varias antologías, en las revistasLamujerdemivida, Casquivana y recientemente en la sección “Mundos íntimos” del diario Clarín. En 2013 gané el segundo Premio Itaú de Cuento Digital y asistí la dirección de la obra de teatroSanguijuelas. En 2014 Suburbano ediciones publicó Fósforos mojados, un ebook de cuentos, y este año Editorial Conejos publicó De este lado del charco, mi primera novela.
Trabajo en administración y me amigué con la idea de no vivir de la escritura porque todas las actividades de las que podría trabajar relacionadas a la literatura como dar clases o similar no me entusiasman ni me creo capacitada para llevarlas a cabo. Trabajé muchos años de camarera y como era un trabajo muy sacrificado la cosa era diferente, me amargaba mucho porque no tenía tiempo, además mi hijo era chiquito y se me complicaba un montón. Justamente por haber tenido un hijo desde muy chica y escribir también desde muy chica es que puedo escribir casi en cualquier circunstancia. Vivíamos con mis viejos, la casa siempre estaba llena de gente, mi hijo me decía: “MAAAA MAAA” cada dos segundos y yo podía escribir igual, así que ahora no me cuesta nada abstraerme. Lo que me cuesta es organizarme, a veces pasa mucho tiempo sin que escriba ficción porque no encuentro el momento, lo malo de no escribir para vivir es que pareciera que siempre hay algo más importante que hacer.


AO: Yendo a tu novela. Pienso en Mi libro enterrado, de Mauro Libertella, como simbólico para una corriente narrativa de ficción autobiográfica, es decir, libros que trabajan la ficción muy de cerca respecto de la biografía del autor. ¿Ubicarías De este lado del charco en este espacio?
MK: No es una autobiografía porque el narrador claramente no soy yo. Hace unos meses en mi grupo de entrenamiento actoral nos hicieron hacer un ejercicio que era improvisar a la manera del compañero, cuando vi a mis compañeros actuar como actúo yo, me costó bastante reconocerme, con esto quiero decir que la mirada sobre uno mismo y sobre lo que uno genera es por un lado inevitable y por el otro es siempre distorsionada. En la novela se cuenta la historia de dos generaciones anteriores a la mía. Mi familia materna podría reconocerse en muchas de las anécdotas que cuento ahí. Hay cosas que me tocó vivir otras que me contaron, otras que inventé. El barrio de la novela por ejemplo no es el de mi vieja, es el mío. Hay anécdotas que se contaban en mi familia y que fueron exagerándose con el pasar del tiempo y a la vez yo hice mi propio recorte o hipérbole de esas situaciones. Por otro lado hay cosas que nadie me tuvo que contar, como no saber qué hacer con un tío muerto tirado en el patio o hacer guardia en la esquina en el 2001 porque nos habíamos creído que nos venían a saquear las casas o luchar con la garrafa para lograr bañarte con agua caliente.

Cuando empecé a escribir renegaba de estas preguntas y me molestaban creo que pensaba que escribir sobre cosas que uno había vivido le quitaba mérito a la literatura, como si uno debiera sí o sí inventar un mundo. También porque no me quería exponer a decir esto me pasó, esto no. Pero ahora me doy cuenta de que es también una posición, yo quiero escribir desde acá porque es de donde vengo. En última instancia lo único importante es que eso que se narra sea verosímil, si no, la ficha salta al toque y a nadie le importa si es verdad, si te pasó o no, si no es creíble. El capítulo del tío en el patio lo reescribí mucho justamente por eso, todo el mundo me decía que era inverosímil, y yo pensaba: pero esto pasó en mi casa. Y claro, responder eso hubiera sido estúpido. Lo que yo hice, con mucha dificultad, fue trabajar la anécdota para que fuera creíble para todo el mundo sin agarrarme de la “verdad”. Al menos lo intenté. Por otro lado, la verdad es solo un punto de vista.



Foto: Pablo José Rey.

AO: Como escritora, ¿tenés temas recurrentes / preferidos / sintomáticos? ¿Considerás que se puede hablar de algo como una “literatura de mujeres”? En caso afirmativo, ¿a quiénes incluirías en este grupo?
MK: Para mí la “literatura de mujeres” o “literatura femenina” no existe. Es una categorización sexista que presupone que las mujeres hacemos literatura pasatista, literatura de mierda, ¿pero cómo llamamos a la literatura de mierda escrita por hombres?
Mis temas recurrentes son la familia como imposición cultural arbitraria, y el barrio. Me parece que son caldos de cultivo de vínculos interesantes para observar y a través de los que se puede analizar cualquier cosa. Mi familia y las de mis amigas son una fuente inagotable de ficción. A veces creo que todas las respuestas están ahí, en la institución familiar. Después con el tiempo me di cuenta de que los lugares jerárquicos de las mujeres en los vínculos es un asunto en el que hago foco incluso sin proponérmelo.

AO: Definís tu mirada como feminista. ¿De qué manera sentís que tu postura vital se traduce en lo que escribís? ¿Tiene algún impacto, o no?
MK: Yo me considero absolutamente feminista y estoy en un momento de mi vida en el cual no quiero personas cerca de mí que no lo sean, y es difícil, en el camino quedó gente que quería mucho. Es muy difícil ser feminista. Porque implica una coherencia con lo que se dice y lo que se hace y a veces me encuentro en contradicciones, hay muchas cosas que tenemos muy naturalizadas y desarmarlas lleva un tremendo laburo.

Yo no me propongo escribir textos feministas cuando escribo ficción, cuando escribo crítica o reseñas sí, pero en la ficción creo que la opinión del autor debe quedar lo más disimulada posible. No quiero ser paternalista y decirle al lector lo que tiene que pensar. Que haga lo que pueda. Pero soy feminista y eso atraviesa mi vida, mi cuerpo, mis vínculos, mi escritura y mi visión sobre los personajes. Esto no quiere decir que invente personajes con conciencia de género, sino todo lo contrario, me gusta trabajar la contradicción. Que las minas sean capaces de entrar solas a hacerse un aborto, cargarse la familia al hombro y por otro lado se sigan sintiendo inferiores con respecto a los tipos y crean que un tipo tiene derecho a pegarles creo que son contradicciones en las que cualquiera se puede identificar. Nadie, creo yo, genera empatía con personajes completamente buenos o completamente malos, ni completamente víctimas. Es el borde lo que me interesa trabajar en la ficción.
AO: ¿Proyectos en curso o futuros?
MK: Después de De este lado del charco, que la terminé hace como cuatro años por lo menos, escribí un libro de cuentos que aún está inédito y estoy terminando otra novela.