miércoles, 8 de julio de 2015

Entrevista a Mariana Komiseroff / DE ESTE LADO DEL CHARCO en Publicable

Entrevista a Mariana Komiseroff por DE ESTE LADO DEL CHARCO
Publicable. El diario de Tea | 07/07/2015
por Daniela Salinas.

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CULTURA • ENTREVISTA
"A veces la vida es inverosímil para la ficción"

Mariana Komiseroff debuta en el terreno de la novela con "De este lado del charco", que acompaña el crecimiento de un niño inmigrante. Una mirada realista sobre las relaciones familiares y la magia de convertir lo ordinario en extraordinario.



Adrián -o Nari, como lo llaman muchos- tiene doce años cuando"cruza el charco" con su familia, de Uruguay a la Argentina. Con un padre ausente y una madre que trabaja todo el día, todos intentan empezar de cero en un barrio humilde. A través del relato, el Nari crece y el lector tiene el privilegio de poder espiarlo en cada momento de su vida. Descendiente de una familia de inmigrantes, Mariana Komiseroff debuta como novelista con "De este lado del charco", cuya trama aborda una amplia galería de temas, desde el matrimonio y el engaño hasta el rol de la mujer y el aborto.

-¿Qué te llevó a escribir esta novela?
-Empecé escribiendo un cuento. En realidad tenía la imagen de una situación que se contaba mucho en mi casa: cuando tenía diez u once años, un tío cantaba y golpeaba con un palito el techo de una vecina a la hora de la siesta. Cuando mis viejos hablaban de eso, podía entrever que la mina tenía unas tetas enormes y todo el barrio, salvo ellos, creía que era una puta, y me puse a pensar en esa situación. Me pareció tristísimo: un pibe que acaba de venir de otro país, sin amigos, sin nada, y el único entretenimiento que tenía era subirse al techo de una vecina para romperle las pelotas. Escribí esto como un primer cuento (en ese momento estaba realizando un curso de escritura con Claudia Piñeiro) y funcionó. Así empecé a llevar otros cuentos que, aunque entonces yo no me daba cuenta, tenían el mismo punto de vista y el mismo personaje.Claudia y mis compañeros me alentaron a que los junte y forme una novela. El germen de este libro es esa anécdota.

-Claudia Piñeiro suele afirmar que piensa sus historias a partir de una imagen. Después de haber compartido ese curso, ¿tu caso es similar?
-Claudia siempre dice que escribe a través de imágenes. En mi caso, antes escribía pensando más en ideas abstractas. Después, cuando empecé el taller, su modo pedagógico muy visual me entrenó para pensar en imágenes. Venir del palo del teatro me ayuda a pensar las situaciones como escenas. A veces surgen de una imagen muy clara o de ideas abstractas, pero en esos casos necesito hacer el traspaso de la abstracción a la imagen.

-¿Cómo influyó lo autobiográfico a la hora de escribir?
-Hay un montón de situaciones que se contaban en casa y de las que me apropié para llevarlas a la ficción, pero también hay otras que son paralelas a mi familia. Hay puntos de coincidencia que son inevitables, pero la novela terminó pidiéndome cosas que la vida familiar no tenía o tenía de más. A veces la vida, para la ficción, termina siendo inverosímil.


-A la hora de contar la historia, ¿sentiste que tus personajes tomaban sus propias decisiones y vos tenías que redireccionarlos hacia donde pensabas que iba el relato?
-Al principio necesité delinear más o menos a los personajes para darles una identidad. Pero tomaban sus propias decisiones, sí. Me sorprendía; me acostaba a dormir con Nari y tenía un diálogo interno con él. Y así me di cuenta de que cuando el Nari estuvo frente a situaciones difíciles, no importaba lo que yo hubiera hecho porque él tenía sus propias características. Sus decisiones son consecuentes con su personalidad. Tuve que pensar bastante, pero igual me dejé sorprender por todos los personajes.



-¿Se te hizo difícil escribir con un varón como protagonista?
-Después de esta novela empecé a escribir con narradores femeninos. Antes me salía espontáneamente escribir desde el punto de vista de un hombre. Tuve dificultades en miradas sobre determinadas cosas, ciertos detalles. Algunos compañeros me marcaban que mirar un mantel con tanta dedicación como para definir el estampado no era "muy masculino" y no estaba de acuerdo con eso, pero sí con que esa mirada tan sensible respecto de algunas cosas no era para este narrador. La masculinidad y la femineidad no son más que poses que implican ciertas restricciones y libertades asociadas a la anatomía de los cuerpos, de eso estoy segura. De todas maneras, cuando tuve que describir una escena sexual más o menos explícita, me complicó el verosímil por motivos obvios.

-A lo largo de la novela se habla de forma sutil sobre "los milicos", "la vuelta de la democracia" y otros momentos de la historia reciente. ¿Cómo manejaste el tiempo fuera del entorno de la familia?
-Me parece que es un tema fundamental. Es imposible que una familia no se vea modificada por el contexto social. No viví la época de los milicos, pero es un asunto que me sensibiliza y me conmueve muchísimo. Es un tema complejo porque mi intención no era hacer una bajada de línea, solamente quería retratar una realidad. Los personajes no pueden estar ajenos a políticas tan fuertes.
-Los protagonistas principales son inmigrantes. ¿Qué características en común tienen este tipo de familias que llegan a la Argentina en busca de un refugio?
-A algunas de las familias que vinieron con la mía para acá les ha ido bien, a otras peor, e incluso están las que volvieron. La Argentina ha sido un país receptor de hermanos inmigrantes y, a la vez, uno muy discriminador.

-En el libro no se evidencia una discriminación directa a la familia que lo protagoniza.
-Es porque los uruguayos tienen esa suerte. A mí me llama muchísimo la atención la discriminación que se da al interior de una misma clase social. Hay algo que evidentemente se transmite y hace que la clase baja de inmigrantes esté peleada y que no se dé cuenta de que la fuerza reside en la unión.

-Y parece que va a seguir así...
-Va a seguir así, hay una intención de las clases dominantes de que todo permanezca en un estado de constante discriminación y desigualdad. Ahora hay políticas claras con respecto a los inmigrantes, que están en la mira y es una cagada. Son como pequeños mitos que se van instalando.




-Como culparlos de la inseguridad...
-Eso es una actitud facilista, es tirar el problema afuera. Los inmigrantes nos sirven para todo: para mano de obra esclava, para tener la culpa de la inseguridad y para no mirarnos entre nosotros y ver qué hacemos con todo esto.

-La muerte ronda algunas partes del relato. ¿Cómo fue escribir esas escenas? ¿Qué te generó?
-¿Cuántos son los grandes temas para abordar en la literatura? Cuatro, cinco: el amor, la muerte, el desengaño, la traición, los celos. La particularidad está en la manera en que cada uno se hace cargo de esa situación particular y humana. No sé si la muerte es un tema que me preocupe principalmente en esta novela. Me parece que hay una situación estereotipada sobre cómo uno debe vivir un duelo. Es interesante, me parece,contar a través de la ausencia. Tuve bastantes dificultades al escribir ese fragmento, pero me parece que era poner a los personajes en una situación interesante como para definirlos; es ahí, en esas situaciones extremas, donde ves el vínculo que une unos a otros.

SABER ESCRIBIR

A los cuatro años Mariana Komiseroff ya sabía leer y escribir gracias a su madre. Nació en Don Torcuato en 1984. Estudió crítica y dirección de teatro. Publicó algunos relatos en varias antologías y en las revistas "La mujer de mi vida" y "Casquivana". En 2013 ganó el segundo premio de "Itaú cuento digital". En 2014 participó del proyecto 8cho&och8 y Suburbano Ediciones publicó su e-book de cuentos "Fósforos Mojados". Escribe en varios sitios web culturales como Leedor.com y EspectáculosDeAcá. En 2013 fue asistente de dirección en la obra teatral "Sanguijuelas".

Cursó varios talleres con Claudia Piñeiro, con quien todavía se mantiene en contacto. En su novela la incluye en la dedicatoria. Tuvo un hijo muy joven y afirma que aprendió a escribir en cualquier situación porque es lo único que sabe hacer. Atenta, sencilla y directa, Mariana Komiseroff trabaja actualmente en el Congreso de la Nación como administrativa. Ya tiene en mente su próxima novela y enfatiza una frase que alguna vez una maestra le dijo a ella: "La primera novela de uno es el vómito de la historia familiar, y uno necesita escribirla para poder escribir todo lo demás"
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