jueves, 1 de agosto de 2013

Reseña de CONVERSACIONES CON MARIO LEVRERO en Eterna Cadencia blog

Reseña de CONVERSACIONES CON MARIO LEVRERO
en Eterna Cadencia blog
por Walter Lezcano

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Loco por Mario

Una semblanza de Mario Levrero a partir de Un silencio menos. Conversaciones compiladas por Elvio Gandolfo (Mansalva), Conversaciones con Mario Levrero de Pablo Silva Olazabal (Editorial Conejos) y La máquina de pensar en Mario. Ensayos sobre la obra de Levrero, con selección y prólogo de Ezequiel De Rosso (Eterna Cadencia Editora).
Por Walter Lezcano.

mario levrero
1. Algo pasa en esta parte del mundo con Mario Levrero. Algo del orden de la fascinación, la sorpresa, el descubrimiento y la adoración. En los últimos años, cada vez con mayor intensidad, su espíritu ha sido invocado en infinidad de librerías, hogares y sobremesas. Ya sea para recomendarlo, para comentar los efectos de la lectura de sus textos o para expresar una desilusión flagrante.  Algo pasa con Levrero. Ocurre con él lo que dijo Piglia en el prólogo de Los Soria de Laiseca: “No le sobran lectores, pero los que le faltan son tantos que tiene asegurada una lectura interminable”.
2. Cada tanto se abren las puertas del canon rioplatense y entra alguno. Parece que ahora le tocó a Levrero. ¿Cuáles son sus credenciales para ingresar al panteón? Tenemos algunas certezas. Para empezar, cualquiera que haya escrito una obra como La novela luminosa no necesita mucho mas para volverse inolvidable. Sin embargo, el autor uruguayo escribió otro libro increíble: El discurso vacío. Dos hits en una carrera literaria signada por las aspiraciones menores se ven como todo un logro. Pero hay más. Está la famosa Trilogía involuntaria: El Lugar, París y La ciudad. Cinco novelas pueden ser un gran legado. La cosa no termina ahí. Esa es solo la punta de lanza de una obra inmensa y, en apariencia, indescifrable.
3. Con la intención de bucear y, de alguna manera, legitimar una obra que supera las tres décadas, acaba de aparecer La máquina de pensar en Mario. Ensayos sobre la obra de Levrero. Con selección y prólogo de Ezequiel De Rosso, quien dijo en una entrevista en este mismo blog:
—La obra de Levrero es bastante más extensa de cómo se lo lee hoy. La idea con la que se gestó el libro era pensar a Levrero en dimensiones que no fueran solamente La novela luminosa y El discurso vacío. Con ese gesto, de los catorce textos, sólo tres son de ese período. Por otro lado, también queríamos recuperar la tradición de lecturas de Levrero, porque uno de los mitos más sorprendentemente persistentes es que nadie leyó a Levrero, salvo “nosotros que lo descubrimos”. Y eso no es cierto: fue leído por gente importante y fue leído bien.
El libro —donde figuran nombres como  Elvio Gandolfo, Martín Kohan, Pablo Rocca, Oscar Steimberg, Sergio Chejfec y Reinaldo Laddaga, entre otros—  presenta una cantidad  de ensayos variados (en profundidad académica o en divulgación) en los cuales se indaga todo lo que Levrero escribió mas allá de sus grandes éxitos. Se lo “rodea” al autor y se lo cuestiona incluso contra lo que él mismo cree de sus textos. Esto es lo más estimulante. Porque mas allá que él diga que lo suyo era realismo, la presencia de otros géneros mas certeros, por “cerrados” y definidos, se hace presente en lo que ha escrito. En ese sentido, por tomar un caso ejemplar, el escrito firmado por Luciana Martínez, Mario Levrero, la ciencia y la literatura, permite desmontar las piezas narrativas de los artefactos potentes de ciertas creaciones del uruguayo.
Cuando hace unas líneas hablaba de géneros “cerrados”, me refería al policial, a la historieta, al fantástico, a la autobiografía, la parapsicología, la aventura, y al humor. Todas formas con las cuales se revestían los textos de Levrero y a los cuales él se refería como realistas por la propia concepción que tenía de relacionarse con la realidad. Es decir, los estados de inconsciencia, vigilia  y desconexión psíquica (incluso cualquier estimulantes químico) ayudan a percibir, y a veces correr el velo, con mayor veracidad lo Real.
4. Hay veces en las que la lectura no parece alcanzar para comprender en su totalidad un corpus vasto y extraño. Hablamos de un tipo que escribió, aparte de grandes libros, Un manual de parapsicología, historietas, crucigramas, notas, reseñas, canciones; vivió en diferentes partes del mundo (Montevideo, Buenos Aires y Paris) y fue un escritor de culto. ¿Qué había detrás de una figura que tenía varios seudónimos, de los cuales el mas reconocido fue Mario Levrero? Para descubrirlo era necesario recurrir a su voz: hacerlo hablar.
5. Dicen que hablaba en un tono muy bajo. Hubo una filmación de una entrevista pero tuvo que desecharse porque no se lo escuchaba. De todas maneras, nosotros, los lectores, vamos a poder escuchar el ritmo de lo que decía porque ya están en librerías dos libros que recopilan sus palabras en primera persona. Uno es Un silencio menos. Conversaciones compiladas por Elvio Gandolfo (Mansalva) y Conversaciones con Mario Levrero de Pablo Silva Olazabal (Editorial Conejos).
6. El libro compilado por Gandolfo reúne todas las entrevistas, hechas por el mismo Gandolofo y otros periodistas, aparecidas en los medios gráficos y online. Podríamos decir que se trata de la imagen pública que nos quiso legar Levrero. Dice en el prólogo:
En las entrevistas aparece además con claridad el carácter de pulmón que le permitió a más de una generación de monetvideanos (mas que de porteños o litoraleños, que lo tomaron en seguida como un gran autor a seguir respirar otro aire, fuera del sostenido imperio de la lógica, la sociología, la historia o el “buen gusto”.
Y dice al final:
Sobre el final, con todo en orden y leído de corrido, me pareció que la suma de los textos forman una buena manera de ir escuchando la voz de Levrero en el tiempo.
En ese tiempo se pueden percibir sus obsesiones y manías, cómo fueron tomando forma los textos (los nombres se repiten o cambian) y una visión completamente desprejuiciada de la literatura: del acto creador y la lectura como fuentes de todos los placeres.
7. El libro de Silva Olazábal es una serie de conversaciones vía mail (internet: otra de las obsesiones de Levrero) donde se puede apreciar el perfil tallerista del autor. A pesar de que hay una máquina que media entre los dos, las comunicaciones siempre se dan en un marco de intimidad y con una certera honestidad. Los temas vas surgiendo: las técnicas de escrituras, el humor, el plagio, el cuento y el relato, las obras, los medios audiovisuales, la lectura de los otros. Son muchas las cuestiones que se abordan y siempre las respuestas que se reciben de Levrero contienen una gran cuota de sapiencia y, un poco también de iconoclasta en un sentido completamente doméstico. Es decir, que desborda subjetividad y desestructura cualquier reminiscencia a la “figura de autor” como algo inalcanzable.
8. Tres novedades después acá estamos. Preguntándonos si todo esto alcanza para llegar a aprehender a un escritor formidable que logró despertar de la pesadilla del estilo. No lo sé. Será cuestión de empezar de nuevo, agarrar todos sus libros otra vez y abrirlos y emprender esa aventura interminable llamada lectura.