martes, 12 de abril de 2011

Ufa, yo quería ser astronauta


por debocaenboca (Marina Lijtmaer) 15/05/2011

Yo quería ser astronauta, de Bruno Szister, es uno de los libros que lanzó en estos días la Editorial Conejos. Ariel Bermani, la cara y el nombre más reconocible de esta nueva editorial cuenta que optó “por empezar a publicar de esta forma porque me parece que es una buena alternativa, interesante para armar nuevos sellos. Los más grandes están colapsados y cada vez el trato es más despersonalizado con los escritores”.
La editorial en cuestión se compone, por ahora, de cuatro autores, cuatro libros y, como les gusta autodenominarse a ellos, cuatro conejos, lo que demuestra que la editorial fue concebida con la idea de grupo, de partes de un todo. Este concepto se transmite además desde el tratamiento gráfico, por ejemplo, cada uno de los autores tiene un color distintivo, que se refleja en las tapas de los libros y en el conejo del logo de la editorial.
Es difícil ubicar el libro de Bruno Szister en un género, no se trata de una novela con capítulos, no son cuentos, y si bien son relatos cortos, todos tienen al mismo personaje-narrador como protagonista. Podría definirse como un álbum de veinticuatro instantáneas desde la infancia hasta la adultez, donde el hecho más significativo, y que atraviesa todo el libro -de manera más o menos directa- es la muerte del padre a causa de una enfermedad terminal. El álbum está lleno de recuerdos, de fantasías, de sueños y de pensamientos que despiertan en el personaje a partir de este acontecimiento. Los hechos se narran siempre de manera incompleta y distante, como un vistazo general: “yo te voy a contar esto, con lo demás, arreglate solo”. Como se lee en la contratapa del libro, es una suma de “imágenes siempre incompletas, fuera de foco” que el hijo menor de una familia judía de clase media decide mostrar al mundo a su manera. La carga emocional que pone el personaje/narrador sobre los hechos que relata es mínima, no porque no exista, claro, sino que al exponerla se estaría exponiendo a sí mismo.
Un club de la cole, una visita al cementerio judío de Tablada, el debut sexual, los viajes de noche en el asiento trasero del auto familiar, gente con rulos, la soledad, los palitos de la selva, las inseguridades.
El título condensa en unas pocas palabras el sentido y el tono general del libro: la nostalgia, lo que no fue, la ternura, lo infantil, lo que no se dijo en el momento indicado. Sin embargo no hay angustia en el relato sino una perspectiva melancólica, que en más de una oportunidad permite el humor y la ironía.

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